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La segunda guerra

Alistados en la Legión Extranjera o en las Compañías de Trabajadores Españoles (CTE) del Ejército francés, los españoles se preparaban para afrontar su segunda guerra. Una pequeña parte lo hacía con convicción, pensando que tenían una nueva oportunidad de derrotar al fascismo que les había arrebatado su querida República. Pero la mayoría habían sido enrolados a la fuerza. Después de que Francia hubiera negado su apoyo al Gobierno republicano durante la guerra, después del maltrato al que les habían sometido en el duro exilio, después de la complacencia que París había demostrado con Hitler… los españoles no encontraban demasiados argumentos para jugarse la vida por defender a esa nación.

Aún así, obligados y tratados más como prisioneros que como soldados, buena parte de las CTE fueron destinadas a tareas relacionadas con la defensa nacional en localidades situadas junto a la frontera con Alemania. El Alto Mando francés decidió apostar por la estrategia que tan buenos resultados le había dado en la Primera Guerra Mundial: resucitar y reforzar la línea Maginot. Unos 12.000 españoles se dedicaron a construir fortificaciones y reforzar las ya existentes a lo largo de la que debía ser una inexpugnable barrera para las tropas alemanas.

Debacle francesa y captura

La estrategia francesa resultó ser un absoluto fiasco. En mayo de 1940, Hitler invadió el país por el norte, a través de Las Ardenas, Bélgica y Holanda, rodeando así la línea Maginot. Los ejércitos británico y francés, concentrados en esa zona, se retiraron hacia Dunkerque. En un reducido palmo de terreno junto a las playas del mar del Norte se congregaron más de medio millón de soldados aliados. La desesperada situación provocó que Londres decidiera la evacuación naval de sus tropas en la conocida como operación Dynamo. Entre quienes trataban de huir se encontraba un número indeterminado de republicanos alistados en la Legión Extranjera. En la zona también había seis Compañías de Trabajadores Españoles de las que formaban parte 1.500 hombres. La Royal Navy consiguió evacuar a 225.000 británicos y más de 110.000 franceses. Sin embargo, se impidió embarcar a los integrantes de las Compañías de Trabajadores Españoles al no considerarles miembros del Ejército francés. Todos ellos murieron en los combates o fueron capturados por los nazis.

El grueso de las Compañías de Trabajadores Españoles se encontraba muy lejos del frente de batalla. Durante más de treinta días, la invasión alemana apenas provocó efecto alguno en la reforzada línea Maginot. Los generales franceses, que tanto se habían preocupado en velar por su histórica barrera defensiva, comenzaban a darse cuenta de que no les iba a servir para nada. Hitler había sorteado la Línea por el norte y, tras tomar Dunkerque, dirigía a sus ejércitos hacia el sur para atacarla desde su retaguardia. La mayoría de los oficiales franceses huyeron. Los españoles, junto a miles de soldados galos, emprendieron una caótica huida hacia el este y el sur buscando alejarse de los alemanes. Hacia el 20 de junio, el grueso de ellos fue rodeado y capturado por la Wehrmacht. Solo un puñado de españoles logró escapar a Suiza. Su felicidad duró muy poco, las "neutrales" autoridades helvéticas les devolvieron a territorio francés donde fueron hechos prisioneros por los nazis.

En los stalags

Hitler envió a los centenares de miles de soldados capturados en la conquista de Francia a los stalags o campos de prisioneros de guerra en los que, más o menos, se cumplían las normas marcadas por la Convención de Ginebra. En este grupo se encontraban todos los españoles, ya que los alemanes les dieron el mismo trato que a los soldados franceses.

Quedaron inicialmente muy repartidos y la mayoría acabó pasando por dos o más campos. En Fallingbostel, Estrasburgo, Sagan y Altengrabow es donde se concentró un mayor número de republicanos. A su llegada les fotografiaron, tomaron sus datos y les dieron un número de prisionero grabado en una pequeña placa metálica que debían llevar colgada del cuello. Allí compartieron cautiverio y condiciones de vida con soldados franceses, holandeses, belgas, británicos... Se trataba de campos para prisioneros de guerra y no de campos de concentración. Los guardianes eran soldados del ejército alemán en lugar de miembros de las temibles SS. Eran recintos en que, por lo general, se respetaba la legislación internacional que garantizaba los derechos de los cautivos. Los españoles pudieron también mantener correspondencia con sus seres queridos y recibir paquetes con ropa y comida.

De prisioneros de guerra a deportados

Aunque algunos grupos ya habían sido deportados a Mauthausen, la gran cacería de españoles en los stalags comenzó a finales de septiembre de 1940. Agentes de la Gestapo se presentaron en los campos de prisioneros para localizar a los republicanos. Tras ser interrogados y fotografiados, se les informó de que iban a ser enviados a Francia y puestos en libertad. Pocos se creyeron esa historia.

La realidad les dio la razón. Por ser españoles y republicanos habían dejado de ser prisioneros de guerra y su destino no era otro que el trabajo esclavo y el exterminio. En cada stalag, los alemanes organizaron convoyes para trasladarles a los campos de concentración de los que nunca deberían salir con vida.

Con la colaboración de l'Amicale française de Mauthausen y la Amical de Mauthausen y otros campos y de todas las víctimas del nazismo