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Gusen, el matadero de Mauthausen

Gusen fue el mayor de los subcampos dependientes de Mauthausen y llegó a albergar más prisioneros que el campo central. Su importancia es crucial para nuestro país, ya que fue entre sus alambradas donde murió la gran mayoría de los deportados españoles: 3.959 del total de fallecidos en todos los campos, que ascendió a 5.519 (incluyendo los desaparecidos).

Situado a cinco kilómetros de Mauthausen, Gusen comenzó a construirse en otoño de 1939 y recibió a los primeros internos alemanes y austriacos en marzo de 1940. Su emplazamiento era ideal para explotar a los reclusos, ya que se encontraba junto a una gran fábrica de ladrillos y tres canteras, entre las que destacaba la muy productiva de Kastenhofen. Administrativa y jerárquicamente Gusen dependía de Mauthausen, aunque en la práctica funcionaba como un campo completamente autónomo. Contaba con su propio registro de entradas, de defunciones e incluso los prisioneros recibían un número de identificación diferente del que habían obtenido en el «campo madre». Al igual que este, iría creciendo en tamaño y ya en 1944 se abrirían otros dos subcampos, Gusen II y Gusen III.

Los primeros españoles fueron trasladados a Gusen el 24 de enero de 1941, procedentes de Mauthausen. Los SS querían hacer hueco en el campo central para los dos grandes cargamentos de republicanos que iban a llegar en las siguientes 48 horas. Los oficiales nazis agruparon a los enfermos e inválidos en un extremo del campo. Después formaron al resto de los deportados para completar el cupo, cercano al millar, eligiendo entre los sanos a los hombres de mayor edad. El pánico y el desconcierto se desató entre los presos españoles. Nadie sabía exactamente a dónde trasladarían a los elegidos y comenzaron a circular todo tipo de teorías. Unos pensaban que el destino era una muerte segura, mientras otros se agarraban a la esperanza de que los nazis, siempre necesitados de mano de obra, les enviarían a un sanatorio en el que podrían recuperarse lo suficiente para volver a trabajar.

Ese desconcierto hizo que, durante más de un año, muchos españoles prisioneros en Mauthausen se ofrecieran voluntarios para ir a Gusen. Pensaban que no había nada que pudiera ser peor que lo que estaban sufriendo. Se equivocaban. Las condiciones de vida en el subcampo eran mucho peores, el trato todavía más cruel y el trabajo más inhumano. Miles de españoles perecieron víctimas del tifus, la tuberculosis, las palizas y torturas, el hambre y el brutal esfuerzo. Los dos grupos de trabajo que se cobraron más víctimas fueron el de la cantera y el de «el pozo», dedicado a la construcción de un molino para machacar las piedras.

La historiadora austriaca Martha Gammer resume en tres puntos lo que supuso Gusen para los republicanos españoles: «Primero, para los españoles fue una sentencia de muerte ser enviados a Gusen. Aquí nadie debía sobrevivir más de tres meses porque era un campo de exterminio por el trabajo. Quienes no estaban capacitados para ello eran asesinados con gas, sumergidos en agua helada o fusilados. Segundo, los españoles eran especialmente odiados por ser considerados comunistas. Tercero, sufrieron mucho por el frío. Por eso lo pasaron peor que los soviéticos y los polacos. Muchos enfermaron y fueron exterminados porque no podían trabajar. Lo peor comenzó en noviembre de 1941. La mayoría de los prisioneros españoles murieron en Gusen en el invierno del 41 al 42. El clima fue terrible y duro, con temperaturas de menos 25 a menos 29 grados, había hambre y un trabajo durísimo en la cantera de Gusen».

Con la colaboración de l'Amicale française de Mauthausen y la Amical de Mauthausen y otros campos y de todas las víctimas del nazismo