José Enrique Cuenca Blanco
Nació en Almansa el 6 de marzo de 1921.
Deportado a Mauthausen el 27 de enero de 1941. Nº de prisionero 5886.
Falleció en Argelia el 10 de junio de 1949.
Texto, fotos y documentos facilitados por Miguel Cuenca.
José Enrique nació en la localidad albaceteña de Almansa. Era hijo de José y de Saladina y el mayor de cuatro hermanos. Pasó parte de su infancia en Madrid donde su padre trabajaba de ferroviario, pero regresaron a Almansa en 1934. Allí les sorprendió, dos años después, el golpe de Estado contra la democracia republicana. Su padre, socialista, formaba parte del Comité del Frente Popular como responsable de Abastos. Posteriormente se desplazó a Barcelona, donde estudió varios idiomas, entre ellos el alemán.
Según testimonio oral de su hermana, colaboró con el gobierno de la República en tareas administrativas. Poco antes de la caída de Barcelona, en la Retirada, cruzó la frontera por La Vajol, con la escolta del presidente de la República D. Manuel Azaña. En Francia, en lugar de ser acogido como refugiado, fue internado, como muchos miles de exiliados españoles, en los campos de concentración de Gurs y Septfonds. Aún no había cumplido los 18 años.
En Septfonds se incorporó a la 28ª Compañía de Trabajadores Españoles del ejército francés, que fue destinada a trabajar en la zona de los Vosgos, en el noreste de Francia. Allí reforzaron las fortificaciones de la "Línea Maginot" para intentar contener la ofensiva alemana. Una tarea que se demostró completamente inútil, ya que el 22 de junio de 1940 Francia fue derrotada y los españoles del ejército galo fueron capturados por las tropas alemanas. José Enrique fue internado en el frontstalag (campo de prisioneros de guerra situado cerca del frente de batalla) de Belfort, donde recibió el nº de prisionero 7502. De allí pasó al stalag (campo estable de prisioneros de guerra) de Fallingbostel, ya en territorio alemán.
Deportación a Mauthausen
Tras la entrevista de Franco con Hitler en Hendaya y las visitas a Berlín del número 2 de la dictadura española, Ramón Serrano Suñer, los prisioneros de guerra españoles fueron declarados apátridas y deportados a campos de concentración nazis. José Enrique, al igual que otros miles de compatriotas, tras un breve paso por el stalag de Neubrandenbourg en Alemania, fue subido a un vagón de ganado el 25 de enero de 1941 y deportado a Mauthausen. Dos días después, el tren llegó a esa localidad austriaca. Miembros de las SS, con perros muy agresivos, les bajaron de los vagones y les forzaron a recorrer a pie los 5 kilómetros que separaban la estación de ferrocarril del campo de concentración. José Enrique, con 19 años, atravesó la puerta de entrada a Mauthausen donde le dieron el traje rayado y le asignaron el número 5886.
A este campo llegaron la gran mayoría de los deportados españoles donde, entre privaciones, trato degradante y trabajo esclavo en su cantera, extrayendo piedra y subiéndola por su interminable "escalera de la muerte", amén de las vejaciones, experimentos médicos y ejecuciones arbitrarias o forzadas en cámaras de gas, perdieron la vida dos de cada tres de los 7.500 compatriotas allí internados. Afortunadamente para José Enrique, él fue destinado al kommando que dirigía el anarquista valenciano César Orquín y que realizaba sus trabajos lejos del campo central. El almanseño llegaría a ser asistente de César, gracias a su conocimiento del alemán y de las labores administrativas.
Bajo las órdenes del kapo valenciano, trabajó en los tres destinos que tuvo su kommando. Entre junio de 1941 y mayo de 1942 estuvieron realizando trabajos de reparación de calles y construyendo un puente en la localidad de Vócklabruck, a 80 kilómetros de Mauthausen. Cumplida la misión, se les envió a Ternberg, donde pasaron algo más de dos años colaborando en las tareas de construcción de una presa. Finalmente, en diciembre de 1944, se les asignó una nueva responsabilidad en Redl Zipf, donde perforaron túneles destinados a la fabricación de armamento. Tras un sabotaje, fue devuelto a Mauthausen donde escribió un diario en el que describió los rigores de su último año de cautiverio.
Gracias al "Kommando César" logró sobrevivir a los más de 4 años que pasó en el campo y asistir a su liberación el 5 de mayo de 1945. José Enrique tenía 24 años. En su diario dejó algunas reflexiones muy interesantes sobre el controvertido papel que jugó César Orquín como kapo y jefe de su kommando: "Él ha pegado a sus mejores amigos, él ha castigado severamente a todos los que han cometido una acción insignificante para contrarrestar la injerencia de las autoridades en su Campo. Él lo ha conseguido y él ha sacado con vida de 408 seres que le fueron entregados, 395; pero…? A fuerza de qué?
Exilio y muerte en Argelia
Tras algún tiempo en Austria, José Enrique volvió a Francia. En ese país pasó por varios campos y hospitales, donde los republicanos españoles intentaban recuperarse de las secuelas de la deportación y soñaban con ser acogidos por la propia Francia o por otras naciones como México o Argentina. Muy pocos se plantearon regresar a una negra España en la que corrían el riesgo de ser encarcelados o asesinados por la sangrienta dictadura franquista.
El almanseño intentó reunirse con su padre. José Cuenca Pina había huido de España en el momento final de la guerra, desde el puerto de Alicante, a bordo del buque Stambrook que le trasladó a Argelia. Allí pasó por varios campos de concentración como trabajador forzado en el ferrocarril Transahariano. Tras ser liberado, continuó trabajando como ferroviario para la compañía MED-Níger en la estación de Colomb-Béchar, en pleno desierto argelino, a 1.000 km de la costa.
José llevaba buscando a su hijo desde 1940, a través de la Cruz Roja y de sus compañeros socialistas en el exilio. Tardaron casi dos años en reunirse, hasta que a finales de 1947 José Enrique consiguió por fin llegar a Argelia. Solo pudieron disfrutar del reencuentro algo menos de dos años, puesto que José Enrique falleció el 10 de junio de 1949 como consecuencia de las secuelas de su paso por los campos. Sólo tenía 28 años.
En 1951 su padre consiguió reunirse con su mujer y su hija, antes de fallecer en 1956. A principios de los 60, huyendo de los disturbios por la Liberación de Argelia, su familia volvió a exiliarse, esta vez a Toulouse.
Padre e hijo yacen sepultados en el desierto argelino desde entonces, lejos de los suyos, hace ya más de 70 años...
¡¡Honor y Memoria!!